30 de marzo de 2008

Cuatro piezas maestras del Hollywood dorado


SCARFACE, EL TERROR DEL HAMPA (1932),
de Howard Hawks.

Entre las mejores películas de la historia del cine, la presente ocupa un lugar privilegiado, y por bien diversas razones: 1) supone la culminación de un género que no daría mejores frutos; 2) ratifica a Hawks como el gran estilista que fue, genio supremo del cine de Hollywood; y 3) en su magnificencia esplendorosa perdura como la obra maestra absoluta que el tiempo ha confirmado. Mas por desgracia, el film es prácticamente desconocido en nuestro tiempo, sepultado en el olvido a consecuencia de la película de Brian de Palma del mismo título, que de ningún modo resiste la comparación, resultando por lo demás un producto mediocre, superficial y efectista.Frente a otros grandes títulos del género, como ’Hampa dorada’, esta película no sólo logra romper con las convenciones características de la tipología del gangster, sino que a través de su puesta en escena termina por conferir al tema un carácter trágico, cuyo contrapunto no es otro que la soterrada ironía de los diálogos, el tratamiento sicológico de los personajes (obsérvese que los gangsters, y en especial Cara Cortada, están afectados de una puerilidad impensable en alguien de este oficio: comparar al Pequeño César con Cara Cortada así lo ejemplifica). Por lo demás, la verdadera genialidad de Hawks se manifiesta en su puesta en escena, insuperable (a su lado, los celebérrimos ’Padrinos’ de Coppola no son más que productos menores, enormemente inferiores en todos los frentes... pese a que estas tres cintas tengan más defensores que la que aquí nos lleva, nuevo signo de la inconsecuencia, de la mediocridad de nuestro tiempo). Obviamente, analizar una película así es una empresa enorme que no realizaremos, mas indicaremos algunos puntos maestros a tener en cuenta:- La luz: en lo epidérmico (perceptible a primera vista), la película destaca por el asombroso empleo de la luz, lleno de metáforas de una sutileza muy poderosa y efectiva. Pero este film no tiene nada de expresionista en su esencia. Así, el famoso plano picado en el que un gangster es asesinado y en el punto en que cae se produce una cruz en forma de X, constante que se repetirá a lo largo del filme (por ejemplo, en la matanza del día de San Valentín, una viga del techo repetirá la forma de varias cruces en forma de X, mientras las víctimas van siendo fusiladas cara a la pared). El primer e impresionante plano-secuencia que abre la película, culminará con la sombra surgida de la profundidad de campo, punteada por un silbido que será seña distintiva del protagonista, creando una sensación opresiva muy efectiva mientras la víctima llama por teléfono.- La elipsis: esta última idea nos permite entrar en el recurso fundamental de la película: el brillante empleo del tiempo. Baste como ejemplo el calendario pasado a toda velocidad a golpe de pistola mientras Cara Cortada asciende en su jerarquía: basta con un solo e implacable plano para contar todo lo que Hawks nos tiene que contar sin caer en recursos más artificiosos. Ante todo, claridad y estilo.- Movimientos de cámara: Hawks, cineasta que superó ampliamente la estética del cine silente (no olvidemos que muchos cineastas, caso de Rex Ingram, desaparecieron con la nueva técnica), se mueve como pez en el agua con esta película, filmada en el año 1931, es decir a poco de clausurarse el mudo. La audacia de la planificación demuestra una vez más la coherencia absoluta del film: así, las partes en las que predomina lo inestable por medio del espacio y sus personajes están filmadas por medio de una fragmentación que se contrapone a la unidad y al orden de las escenas en las que predomina el orden (por ejemplo, la secuencia de la reunión de los ciudadanos indignados por las muertes de Cara Cortada y su banda, donde el espacio total es complementado por los planos aislados de cada individuo, de acuerdo con su punto de vista). Cara Cortada (en contundente interpretación de Paul Muni), es, pese a sus debilidades y su maldad, un personaje humano, y eso lo hace tan verosímil: un individuo detestable y odioso que, con todo, se gana el afecto del espectador, poniéndose de su parte, de acuerdo con la ética de los grandes maestros, de los que Hawks es uno de los primeros. Por encima de todo, ésta es una de las diez grandes películas de la historia del cine: en ella late todo una declaración de principios, morales, filosóficos y fílmicos. (02/01/2007)

EL CALLEJÓN DE LAS ALMAS PERDIDAS (1947),
de Edmund Goulding.

Del melodrama de los años 40 producido en Hollywood durante su década dorada (junto a los fastuosos 50), esta película sobresale como una de las más arrebatadoras, poderosas e indescriptibles. Si bien la filmografía de Edmund Goulding es desigual, y alterna producciones olvidadas (tal vez inmerecidamente) con otras exquisitas e inolvidables (p. ej. ’El filo de la navaja’ o ’Amarga victoria’), este cineasta, enormemente subestimado en cualquier caso, tiene aquí, fuera de toda duda, su obra maestra, y un film que, pese a su categoría, permanece prácticamente olvidado, lo cual es toda una injusticia, pues ya quisieran otras películas harto rememoradas (sin ir más lejos, la bien floja ’Lo que el viento se llevó’) alcanzar la sutileza de puesta en escena que Goulding logra articular a lo largo de un desarrollo admirable, sintético e intenso a la par, con un memorable Tyrone Power (actor, por desgracia, también subestimado por razones por lo demás absurdas...) como eje vertebrador de la narración. En su plano más superficial, el film cuenta una historia de ascenso y caída en torno a la figura de un hombre de circo que destaca por sus habilidades adivinatorias. En la puesta en escena, toda la película es una joya de concisión expresiva, al lograr haber ”hablar” al plano en aquello que los personajes callan. La contraposición de lo positivo con lo negativo constituyen la esencia de la obra, lo que consigue desazonar dado su fuerte poder emocional, de una intensidad hacia el final (esos cinco últimos minutos de metraje, que dan un sentido a todo lo anterior que sólo puede ser captado en su totalidad visionando la película otra vez) indescriptible. Goulding, maestro como pocos del plano-secuencia (como ya demostró en ’El filo de la navaja’) consigue aquí un resultado óptimo al presentarnos al personaje como un perfecto individuo, cuya integridad queda mancillada conforme aumentan sus aspiraciones... El plano en picado de Power, tras su periplo alcohólico, recibiendo la abrupta noticia de que el ”monstruo” puede ser suyo, es uno de los momentos clave del film: a él convergen todas las aristas apuntadas. Y esas últimas frases: ’¿Cómo pudo caer tan bajo? / Porque llegó a lo más alto’ anticipan, en todos sentidos, algo más que el destino del personaje: el propio destino del arte cinematográfico, a través del último gran film de un cineasta a recuperar urgentemente. (22/12/2006)

SÓLO LOS ÁNGELES TIENEN ALAS (1939),
de Howard Hawks.

De todas las películas del maestro Howard Hawks, quizá ésta sea la mejor, en cuanto la más aproximativa a su concepción del mundo (y sin que ello implique que, otros tantos títulos mayores suyos del calibre de ’Río bravo’, ’Me siento rejuvenecer’ o ’Scarface, terror del hampa’, queden por debajo). Los primeros cuarenta minutos de metraje abarcan la duración del primer día, más en concreto una noche: asistimos a la presentación de varios personajes fuertemente tipificados y con personalidades definidas admirablemente. El personaje desestabilizador lo interpreta Jean Arthur, una mujer de fuerte temperamento que con todo sucumbirá a la rudeza del ambiente en el que se desenvuelve la acción: un campo de aviación capitaneado por el personaje interpretado por Cary Grant. La muerte en accidente de uno de los dos jóvenes que conocerán a la mujer al desembarcar en el puerto, pondrá sobre el tapete toda la contradictoria mecánica de los intereses que allí se juegan: el primero, claro está, es la pasión por la avición, pero más allá está la necesidad de la tensión que implica el peligro, en un claro intento de romper con la mediocridad de una vida asentada. Para conseguir el dramatismo buscado, el maestro recurre a una puesta en escena de una transparencia arrebatadora: la cámara, casi imperceptible, no se separa por un momento de los personajes, de una humanidad pocas veces alcanzada en el cine, y su drama no sería tal si la sutileza de Hawks no nos reflejará la profundidad del conflicto. La llegada de el personaje conflictivo que sustituirá al fallecido en accidente termina de rematar la genialidad del film, su visión nada tendenciosa de las relaciones humanas en un ámbito duro y desgarrado... En esencia, poco he dicho aquí, puesto que una película como ésta, para aprehenderla plenamente, debe, primero, ser sentida, y luego, análisis tras análisis, indagada en sus pormenores infinitos. La dificultad de la puesta en escena de Hawks, su magistral dominio de la elipsis, esa densidad tan rara de sus planos, todo su potencial humanista, no hacenn sino confirmar que para llegar al fondo de esta película se requiere algo más que palabras... Es la experiencia del cine en estado puro, y una de las películas más gratificantes a las que se pueda acceder desde el primer visionado. (28/12/2006)


HORIZONTES PERDIDOS (1937),
de Frank Capra.

En la filmografía del gran Capra, el presente film destaca por derecho propio: he aquí la plasmación cinematográfica de la vieja y entrañable ’Utopía’ de Tomas Moro, pero suavizada / actualizada al siglo XX. La película, que no está libre de defectos (como la bien mediocre partitura musical de Dimitri Tiomkin, nada inspirada y con unas melodías de una banalidad grandilocuente un tanto fastidiosas), irradia empero una veracidad, un conocimiento cinematográfico sublime, si bien no perfila del todo algunos puntos decisivos como es el retrato de los personajes... aunque todos ellos sean seres humanos vivos, capaces de trasmitir sentimientos sin caer en la trivialidad. Por encima de todo, destaca, como digo, la puesta en escena del maestro, que pese a ciertas indefiniciones al comienzo (toda la secuencia del avión contiene quizá demasiados planos como para contar el conflicto que existe entre ellos: esa mujer enferma que va a morir, pero que en ningún momento parece estar tan enferma como para ello; el paleontólogo, un tanto caricaturizado en su papel de gracioso...), pero tomando a continuación, en la ciudad utópica, una fuerza impresionante, confirmando ese carácter utópico-paradisíaco por la grandeza de los escenarios, la suavidad de los travellings recorriendo esos espacios de ensueño, la belleza cuasipoética de los diálogos, con un sentido de la moral inaudito en nuestros tiempos actuales... Demasiadas virtudes, en fin, prevalecen sobre pequeños fallos menores, situando este film entre los más memorables de los años 30. Sin duda, una gran película a reivindicar y rescatar del olvido. (23/12/2006)




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