23 de abril de 2013

APUNTE. Alphonse de Lamartine (1790-1869)

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 Alphonse de Lamartine 
(1790-1869)


LAMARTINE, 
que sigue todavía dentro 
del mermado canon francés 
-de la poesía decimonónica-, 
no es hoy 
sino SOMBRA melancólica, 
cual FANTASMA
que se pasea 
por los laberintos de la Historia 
con estoica 
indiferencia. 

Fue un largo descenso... 

Durante sus últimos años, 
su lugar 
ya no era 
el que bien 
había sido: 
del SOLIO 
fue relegado a la CAPILLA, 
y de ésta, no tan visible, 
pasó a los estantes 
polvorientos 
de la BIBLIOTECA 
histórica, e invisible. 

Contados son los OJOS 
que 
se detienen, 
se refugian
en alguno 
de sus versos, 
sus penas. 

Ni en España 
lo leen 
debidamente traducido, 
y no 
en su integridad, 
todo lo más troceado 
en algunas turísticas 
incursiones, estampas 
con lago al fondo 
así en esas gemas 
cristalinas que, de tanto 
en tanto, refulgen, 
donde las Meditaciones poéticas
en las vibrantes Armonías 
poéticas y religiosas. 

Peor suerte si cabe 
han corrido sus prosas. 

Ayer -creo- 
adquirí 
un centenario ejemplar 
de Jocelyn
y no era preciso 
someter 
a ninguna clase 
de análisis 
lo evidente: 
las bellezas 
OCULTAS
y sutiles 
del buen Lamartine 
no son PAZ de esta 
época 
no son PAN para esta 
guerra
brutal y perturbada. 

Por eso sería AMOR 
RE-TORNAR 
-para unos pocos-
la vista atrás, 
al buen Lamartine, 
y dejarse atrapar 
por su ingenuo hechizo,
como cierto niño
como cierto niño que
se dejará atrapar
por la hermosa mariposa
que acaricia 
el abstracto 
horizonte
del mar.


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