26 de mayo de 2013

La obra escrita de Mariano Bernad. Sobre el legado del misionero de Calanda ['Kolenda', Mayo 2013, nº 106]

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Entre los calandinos de la España del siglo XIX, la figura del Padre Mariano Bernad (1838-1915) se perfila como una de las más significativas y, por el contrario, menos recordadas: a día de hoy, es poco menos que un completo desconocido, incluso entre sus paisanos. Pero en los últimos tiempos su obra escrita está conociendo una recuperación cierta, si bien a una escala harto reducida, limitada al terreno de los historiadores especializados en la historia de las misiones religiosas en el extranjero. Y es que este agustino recoleto, superior general de la Orden, sacerdote y misionero que recorrió medio mundo (de las Filipinas al Brasil), escritor copioso y prolijo, fue algo más que un mero compilador de informaciones. Sus escritos esenciales, aunque de valor antes documental que literario, poseen un poder de captación evidente; en ellos se hace patente un esfuerzo serio de narración objetiva, sobria y amena, sin fisuras. Y esto, con la debida perspectiva del tiempo, los torna fascinantes, irrepetibles, únicos en su género.
            Hoy por hoy, empero, la única huella que de la nombradía del Padre Bernad persiste en Calanda, es su nombre, dado a una de las calles de la villa que desembocan en esa arteria principal que es la Calle Mayor. Su moderna recuperación debemos atribuirla, por tanto, al actual historiador principal de la Orden de los Agustinos, Fray Ángel Martínez Cuesta, con el que nos hemos carteado en un par de ocasiones, y cuyo ambicioso trabajo de documentación ofrece el mayor esfuerzo historiográfico conocido hasta la fecha sobre la figura y obra de este calandino, nacido el 29 de septiembre de 1838.
            Escribe Martínez Cuesta, a propósito del Padre Bernad, algunas pinceladas esclarecedoras sobre su persona: “En Calanda bebió la devoción a la Virgen del Pilar y asimiló rasgos que retendrá hasta la vejez. Quienes le conocieron admiran su nobleza, su tenacidad y su laboriosidad”. Y cita a continuación el testimonio de uno de sus colaboradores en Brasil, Celedonio Mateo, quien destacaba “su carácter aragonés, que consiste en una perseverancia que resiste todas las dificultades”. Otro de sus conocidos, Santiago Matute, no dudó en vindicar esta cualidad suya: “Es aragonés y a fe que no ha desmentido su origen en la entereza de carácter, siempre que ha tenido que manifestarla en cumplimiento de su deber”.
            Pero todo esto habría quedado en poco de no haber llegado hasta nosotros una considerable porción de sus escritos, de inestimable valor histórico-sociológico, y cuyo abierto hincapié autobiográfico explicita la autoconciencia de su artífice, destinado sin duda a una gran misión en vida. Mas pasemos a comentar brevemente su obra escrita, el más firme legado en el tiempo de este calandino que solía referirse a sí mismo, en abierta referencia a su pueblo y a su patrona, como Fray Mariano Bernad del Pilar.
            Entre los escritos desaparecidos a perpetuidad, figuran sus dos opúsculos de corte gramatical, Vocabulario Cuyono y Apuntes gramaticales, rara vez ignorados cuando se habla de la obra escrita de su autor, aunque virtualmente desconocidos. Sí se conserva, por el contrario, su libro capital, Preliminares, que Martínez Cuesta, en su revisión y anotación del mismo, ha preferido titular Relación, al aproximarse más a la naturaleza de los hechos en él narrados; obra apasionante y torturada, relata con sumo pesimismo la expedición que el Padre Bernad, flanqueado por algunos hermanos recoletos, llevaría a cabo en la República del Brasil con la pretensión de fundar varias residencias.
            Sin tratarse de un gran estilista cuando toma la pluma, el Padre Bernad consigue, con todo, trascender su prosa antañona a través de las muchas y peligrosas incidencias que describe en su narración; la brutalidad y la violencia sufridas por la orden, quedan reflejadas en el siguiente fragmento, con el que comienza el capítulo primero del libro, y donde el autor evoca pasadas misiones en las islas Filipinas; dice así:

Estábamos en el año 1898, y nuestra provincia de San Nicolás de Tolentino de Filipinas, en vez de descansar y respirar recibiendo algún consuelo y alivio de sus grandes penas y amarguras sufridas en los dos años anteriores de infeliz memoria, por la pérdida de la paz y tranquilidad que se gozaba como en ninguna parte del mundo, con la pérdida de intereses de todo género, y, lo más doloroso, con la pérdida de muchos de sus preciados hijos, religiosos beneméritos de la religión, de la Iglesia y de la sociedad, asesinados bárbara y sacrílegamente en el sitio del honor, pérdida irreparable que nunca podrá llorarse bastantemente”.

            Junto a Preliminares, el corazón de la obra escrita de Bernad reside en su prolífica y abultada correspondencia, de la que Martínez Cuesta ha llegado a reunir más de 250 cartas. Asimismo, el buen fraile fue autor de otros escritos circunstanciales, tales como novenas, reglamentos de cofradías, relatos históricos e informes.
            Mariano Bernad murió en Motril (Granada), de un cáncer de laringe.


 2011